María Luro comienza a desarrollar el arte de la joyería luego de años vinculados a la escultura, actividad en la que se formó en las principales escuelas de Bellas Artes de Buenos Aires.

En sus piezas se percibe una fuerte tendencia a la incorporación de formas inspiradas en materiales naturales: hojas, ramas y trozos de corteza de árboles, fragmentos de coral, caracoles y otros.

Sus trabajos están realizados en plata 925, a veces asociada con otros metales, trabajados con diversas técnicas de fusión.